Seguro de equipo electrónico: qué cubre y por qué se contrata aparte
Un servidor rara vez se quema en un incendio. Se pierde por una variación de voltaje un martes cualquiera, y esa es precisamente la causa que la póliza de incendio no cubre.

Hay una conversación que se repite después de una tormenta eléctrica: la empresa reclama por un servidor inutilizado y descubre que la póliza que creía completa no responde. No es un abuso de la aseguradora. Es que el daño ocurrió por una causa que ese ramo nunca cubrió.
Qué ampara el ramo
La cobertura responde por daños materiales súbitos e imprevistos al equipo asegurado, con un alcance deliberadamente amplio en el origen eléctrico: sobretensión, cortocircuito, arco voltaico, inducción por descarga atmosférica, y también error de manejo del operador, un riesgo que la mayoría de las pólizas de patrimonio excluye.
A eso se suman las causas clásicas —incendio, agua, robo con violencia— de modo que el equipo queda cubierto tanto por lo que le pasa al edificio como por lo que le pasa a él solo.
Las tres secciones que suelen componerla
El ramo se estructura habitualmente en tres partes que se contratan por separado:
- Daños materiales al equipo. El núcleo de la póliza.
- Portadores externos de datos. El costo de reponer el soporte físico donde reside la información.
- Costos adicionales de operación. Lo que se gasta en alquilar equipo sustituto o subcontratar servicio mientras el propio se repara.
La tercera es la más olvidada y la que más se parece a un lucro cesante acotado: no cubre la utilidad perdida, pero sí el sobrecosto de seguir operando con equipo prestado.
Valor de reposición frente a valor contable
Aquí está el error más caro del ramo. La indemnización a valor de reposición supone que la suma asegurada corresponde al costo de comprar hoy un equipo nuevo de características equivalentes, incluidos flete, seguro de importación, aranceles e instalación.
Si en cambio se declaró el valor contable ya depreciado —que es lo que suele estar a mano en la contabilidad—, la suma queda corta y se activa la proporcionalidad. Un equipo médico importado declarado por su valor en libros puede terminar indemnizado por una fracción del costo real de reponerlo.
Conviene además revisar la suma al menos una vez al año: en equipo importado, el tipo de cambio y los costos logísticos mueven el valor de reposición aunque el aparato sea el mismo.
Mantenimiento y condiciones de instalación
Las pólizas de este ramo suelen exigir dos cosas y ambas son verificables después del siniestro: un contrato de mantenimiento vigente para el equipo crítico, y condiciones de instalación adecuadas —protección contra sobretensión, sistema de puesta a tierra, control de temperatura donde corresponda—.
No son formalidades. Un daño eléctrico en un equipo sin protección de línea, cuando la póliza la exigía, es un reclamo perdido antes de empezar.
Qué queda fuera
El desgaste normal y la obsolescencia, el defecto de fábrica cubierto por garantía del fabricante, las fallas de software sin daño físico asociado, y la pérdida de datos cuando no se contrató la cobertura correspondiente. Tampoco los consumibles: cartuchos, baterías, lámparas y piezas de recambio periódico quedan excluidos por su naturaleza.
Las tres secciones y para qué sirve cada una
El ramo suele estructurarse en secciones con límites independientes, y contratar solo la primera es el error más común.
Daño material al equipo. La sección base: daño súbito e imprevisto al hardware, incluidas causas eléctricas, errores de operación y daños internos. Es lo que la mayoría entiende por la póliza.
Portadores externos de datos. Cubre el costo de reponer la información contenida en los medios dañados: recuperación, reingreso, reconstrucción. No cubre el valor comercial de los datos ni el lucro derivado de su pérdida.
Mayores costos de operación. El gasto extra de seguir operando mientras el equipo dañado se repara o se repone: alquiler de equipo sustituto, procesamiento externo, horas adicionales. Para una operación que depende de sus sistemas, suele ser la sección de mayor valor práctico y la que más se omite.
Cómo se fija la suma asegurada aquí
La regla del ramo difiere de la intuición contable y conviene tenerla clara antes de cotizar.
La suma se fija sobre el valor de reposición a nuevo del equipo: lo que costaría hoy comprar uno equivalente, incluidos transporte, instalación y derechos aplicables. No sobre el valor en libros, que puede estar casi depreciado, ni sobre el precio pagado años atrás.
La consecuencia es doble. Por un lado, equipos contablemente amortizados siguen requiriendo una suma asegurada significativa. Por otro, la evolución de precios del rubro juega a favor: un equipo comprado hace cinco años se repone hoy con frecuencia por menos.
Ambas cosas obligan a lo mismo: revisar el listado de equipos y sus valores en cada renovación. Un inventario congelado deriva en infraseguro sobre lo nuevo y en sobreprima sobre lo viejo, las dos al mismo tiempo.
Instalación y ambiente: las condiciones que se verifican
Una parte de los rechazos del ramo se explica por condiciones de instalación que constan en la póliza y que nadie revisó después de contratar.
Protección eléctrica. Sistemas de respaldo y de protección contra sobretensión, cuando la póliza los exige. Es la exigencia más frecuente y la que más se incumple tras una mudanza o una ampliación.
Condiciones ambientales. Temperatura, humedad y ventilación dentro de los rangos que el fabricante especifica, especialmente en salas de servidores y equipos médicos.
Mantenimiento documentado. Con la periodicidad indicada y con registro. Un contrato de mantenimiento vencido es una observación en el peritaje.
Las tres se verifican después del siniestro, no antes, y por eso conviene revisarlas cada vez que el equipo se traslada o el espacio se modifica.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el equipo electrónico se asegura aparte del incendio?
Porque sus pérdidas típicas no son de fuego sino eléctricas: sobretensión, cortocircuito interno, inducción por rayo. La póliza de incendio ampara el fuego y sus consecuencias, no el daño eléctrico interno del aparato.
¿Qué equipos entran en este ramo?
Equipos de cómputo y servidores, centrales telefónicas, equipos médicos y de laboratorio, maquinaria de control industrial, sistemas de seguridad y equipos audiovisuales profesionales. En general, aparatos donde la electrónica es el componente crítico.
¿Se indemniza a valor de reposición o depreciado?
Habitualmente a valor de reposición por un equipo nuevo de características equivalentes, siempre que la suma asegurada corresponda a ese valor. Si se declaró el valor contable depreciado, la indemnización se ajusta a la baja.
¿Cubre la información almacenada?
El hardware sí; los datos, solo si se contrata la cobertura de portadores externos y de recomposición de información. Son coberturas separadas y con sublímite propio.
¿Cubre el equipo fuera de las instalaciones?
Solo si se pacta. Los portátiles y equipos móviles requieren una extensión de cobertura fuera de predios, y suele traer un deducible mayor.
¿Por qué existe un ramo aparte para equipo electrónico?
Porque el riesgo es distinto del de incendio o robo: los equipos fallan por causas eléctricas, errores de operación y daños internos que las pólizas patrimoniales clásicas excluyen. El ramo cubre precisamente ese hueco.
¿Cubre la avería por uso o el desgaste?
No. El desgaste, la obsolescencia y la falla progresiva por uso quedan fuera en todos los productos: son costos de operación, no siniestros. Lo que se cubre es el daño súbito e imprevisto.
¿Qué son los portadores externos de datos?
Los medios donde reside la información: discos, respaldos, soportes. Es una sección propia dentro del ramo, con su propio límite, y cubre el costo de reponer los datos, no su valor comercial.